Tres monos bar, volver a las esencias

Tres monos bar, volver a las esencias

La cuarentena está desarrollando en mi el gusto a escribir y como les dije en mi post de Lupo & Pierino, yo escribo sobre lugares por los que siento afinidad, que me generan un sentimiento de afecto. Hoy voy a hablar de una de barra, la primera de todas de las que voy a hablar.

Hablo de barras porque, como les dije, disfruto mucho de sentarme ahi y ver todo el lugar en 360° grados. Conectas directamente con el bartender, a quien tenés de frente. Pero girando la cabeza ves toda la sala. El salón entero para poder mirar e imaginar tus propias historias de cada rincón.

Hace ya algunos años cuando se pusieron de moda los bares con contraseñas (Speakeasy), que hacen referencia a los Estados Unidos en tiempos de Ley Seca, me senté en una barra de un famoso bar escondido donde unos muchachos muy bien arreglados hacían magia detrás de una barra, mientras sonaba de fondo un poco de Jazz.

Destaco la música y particularmente Sinatra, Ella Fitzgerald o el inagotable Tony bennett porque era música que le gustaba a mi papá. Con ellos sonando, más una roca de Whisky escocés y mucho pucho disfrutaba de una noche en Buenos Aires.

Las tres personas que la rompían tirando magia con esos tragos clásicos que tomábamos en otras épocas y estaban detrás de la gran barra de madera eran: la señorita Chula Barmaid (@chulabarmaid) quien hoy trabaja en un bar en Brasil, el señor y amigo Gonza Cabado (@goncabado) ganador del Bacardi Legacy quien hoy reside en la ciudad de las diagonales con su proyecto @festin.barranomade y la estrella de las redes sociales Seba García (@soyelcantinero)

Había una frase por esas época, que los combinaba de manera perfecta: “La gente linda con la gente linda” 

El tridente detrás de la barra te hacía pasar noches increíbles. Te hacían sentir parte de algo especial. Hospitalidad, servicio, atención, y mucha humildad marcaron esa época. Podías sentir que estabas de los dos lados de la barra.

Te explicaban de que iba cada trago, su elaboración y un poco de historia del mismo. Ahi fue cuando empecé a entender un poco más de estos líquidos nobles para mi paladar. Poco a poco aprendí a tomar.

Empecé a recorrer bares e interiorizarme. Conocer bebidas y productos. Aprendí a reconocer bartenders de la talla de Tato Giovanonni, Inés de los Santos, Mona Galosi, Sebastián Atienza, Charly, Lucas López Dávalos, Ani Varela, el Lichi y muchos más…

A dos de los protagonistas de los próximos párrafos (Atienza y Charly) los conocía de atrás de la barra, de lejos. Siempre disfrutando sus cócteles, pero más alejado, observando como los bebedores le agradecían cada vaso. A Seba laburando en Florería y Charly en Franks.

Esa conexión con la barra me llevo a hacer un curso, más que un curso, una forma de hacer tragos para amigos en mi casa. Se llamaba Amores Líquidos y lo dictaban dos personas a las cuales aún hoy quiero mucho. Dos amigos que la venían peleando desde esa época y tiraban paredes juntos. El tiempo los distanció como a Micheal Jordan y a Scottie Pippen. Eso eran ellos dos juntos, los Chicago Bulls de los 90. Ha pasado el tiempo y seguí recorriendo barras… pero nunca más volví a sentir esa magia hasta que un día se abrió la puerta de una oscura esquina del barrio de Palermo.

Tres monos bar es sumergirte en un bar del Bronx de Nueva York atendido literalmente por sus dueños: Seba Atienza, Charly y el chileno.

¿Qué se siente cuando uno entra al bar? Cuando termine la cuarentena, vayan y prueben. Yo siento hospitalidad, particularmente me siento como esperando que un amigo me haga un cóctel.

Ese día que fui había mucha gente…. ¡mucha de verdad! Lógicamente me senté en la barra y dsfritué… pero se sentía ese calor que irradian los lugares diferentes, esos lugares que tienen algo distinto y me dije a mi mismo: yo tengo que volver.

Rápidamente creció en redes sociales y empezó a ser un bar bastante concurrido. Mi segunda incursión fue cuando un día me llega un audio a mi teléfono… Con esa característica voz pausada que demuestra una gran paz. Era mi amigo Gonzalo Cabado: “voy para capital, nos juntamos en Tres Monos a tomar algo”. 

Esa noche cumplía años Charly y se sentía algo especial, sin caretas ni cosas de cartón. Era genuino. Ya no hay moños ni camisas, están en remera, como en casa, pero en un bar para los amantes de la coctelería. Descontracturado, pero con el foco puesto en la elegancia del cóctel, en el producto, en la atención.

Seba mide casi dos metros y se agacha a abrazarme. Charly me da la mano y te mira a los ojos. Algo que no muchas personas hacen hoy en día. El chileno observa todo desde lejos mientras sonríe y tira su magia para los que están sentados en la barra.

Volví a sentir la química. Ya con el correr de las reseñas le voy a encontrar un nombre a eso que siento en este tipo de lugares. ¿Mística quizás? 

Al pedir un negroni y que te pregunten si lo querés refrescado o directo, ya sabes que todo va a estar bien.

La carta es acotada con todos los clásicos y tragos de autor elaborados. Yendo a las recomendaciones, como siempre, cada uno debe probar y elegir lo que más le guste, pero acá van los míos:

Si fuéramos juntos, yo les haría probar:

  • Grosero (vodka, grosellas blancas, vermut blanco, limon y sidra de pera)

  • Hojattan (bourbon de hojas de higo, vermouth rosso, Bitter de naranja)

  • Negroni (con Antica Fórmula, el vermouth italiano más antiguo)

Tenes muy ricos platos para acompañar. Elaborados y para comer en barra. Empanadas de matambre a la pizza, sándwich de bondiola y otros mucho más elaborados realizados por diferentes Chefs para este bar. No puedo recomendar uno de estos porque constantemente los van cambiando y eso es lo lindo. Prueben!

Tres Monos no solo me transporta a Nueva York por su estética, sino que también me lleva a aquella vieja barra de Chula, Gonza y El Chino García. Por la hospitalidad y el foco puesto en hacerte sentir cómodo… que seas parte de algo.

Tres monos no es un despacho de bebidas, tres monos son tragos en tu casa con amigos, pero en una esquina de Palermo. A eso tenemos que volver y ojalá que sea pronto. Poder abrazarnos, juntarnos, en la barra…. en el salón…. en la vereda… dónde sea pero con un negroni!

Salud

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  • Limpieza 85% 85%
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Antes que nada, me presento… soy El Barba. Mi familia, del sur de Italia, vino a la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. Se instalaron en la zona oeste de la Capital Federal, más precisamente en la República de Mataderos. Para quien no conoce le recomiendo un lindo paseo de domingo. Puede ser una recorrida muy especial si ese día juega “El torito” y pueden deambular por el resero, ver paseos de sortija y comer una tremenda empanada frita como cierre triunfal.

Mi abuelo Juan se vino solo, armó una despensa de bebidas y con el tiempo ayudó a venir a su familia. La nona Ana y sus 5 hijos. Entre ellos estaba mi mamá, siendo la más chica con 6 años. En el año 1968, todos juntos abrieron La Bambola (la muñeca, en italiano). Un bodegón atendido por italianos de pura cepa, donde se paseaban por las mesas todos mis tíos mientras que mi abuela era la que amasaba las pastas a la vista. Treinta años de gastronomía en el seno familiar, hicieron que me criara entre las mesas de un restaurante. Este no es un dato menor para entender el por qué de mi fascinación por la comida y posteriormente, por los vinos y la cafetería.

Cada vez que entro a un lugar y el mozo me recomienda un plato, me cuenta una historia o me relata alguna anécdota, me hace sentir nuevamente ese chico que jugaba a las escondidas atrás de las cocinas o se escondía abajo de una mesa manchada por un tinto y con olor a aceite de cantina.

Hace ya bastante, 10 o 15 años atrás para ser más específico, me empezó a gustar pasearme por diferentes restaurantes. La hermosa experiencia del buen comer y poder probar nuevas cosas. Una de mis favoritas es sentarme solo en la barra del lugar y dejarme llevar por el/la que está del otro lado.

La primera reseña que voy a hacer en este blog de amigos (con quienes comparto esa misma fascinación por el fútbol, juntarse, comer, viajar y beber rico) tiene que ver con dos lugares que siento muy cercanos por esta cuestión de sentirte como en casa. Recordar viejos olores y que ya sepas un poco que te gustan…

 

Pierino

La primera vez que fui a cantina Pierino tenía 11 o 12 años. Justo después de ver por primera vez a Diego Maradona en cancha de Vélez, mi primo me llevo a comer con sus amigos. El lugar ya había cerrado la cocina pero nos atendieron igual. Nos sentamos en una mesa redonda con cinco amigos más de mi primo y, obviamente, comimos pastas. Y digo comimos y no “pedimos” porque no se pidió nada, ÉL trajo lo que quiso. Y este Él va con mayúscula. Por supuesto que estoy hablando de Piero (Pedro). Se me pone un poco la piel de gallina porque le tenía un afecto muy particular y ya no está entre nosotros.

Retomando lo más importante que nos convoca, voy a darles mi recomendaciones:

  • Entrada: no puedo dejar de recomendar una ciambotta. O el anti pasto Pierino. O las dos.
  • Plato principal: no lo dudo nunca. Voy con ravioles de cordero con salsa curleano (descubran ustedes mismos que tiene…). Ojo, esos días que estoy medio nostálgico me pido unos tallarines con pesto para recordar un poco a mis tías abuelas…
  • Postre: Tiramissu. Su receta está bajo llave. No hay otra alternativa de postre. En realidad si, pero vayan con esta recomendación sin dudarlo.

Y cuando hablamos de familia, también hablamos de Lucciano, Popi, Flor y Juan, hijos del gran Piero, que con esa locura y amor por la gastronomía armaron un concepto distinto en la zona del abasto y al lado de la cantina:

Lupo Espacio Gastronómico. 

No compite en lo más mínimo con Pierino. Dos conceptos totalmente diferentes pero con la misma esencia. Sentate y pedite una napolitana al horno de barro a 450° grados y en cinco minutos tenés la pizza en la mesa.. Te recomiendo acompañarla con un buen aperitivo.

En mi caso me gusta pedir una pizza de muzzarella y ‘nduja (embutido italiano casero receta también bajo llave de la familia) con un Negroni. 

Un gran lugar es para ir con amigos y quedarte hasta tarde disfrutando. Y ahi, cuando no den más, es el momento ideal para pedir un cheesecake con un doppio.

La gastronomía tiene algo especial en esas sobremesas que se arman por eso no me gusta la atención rápida y el despacho de la gente como fast food.

Amo las previas, el durante y el después, ¡suena romántico! Pero es lo que siento por este rubro, creo que no hay amor más genuino y hermoso que el amor por la comida y sobre todo por ser servicial.

No todos lo pueden ser, no todos pueden darte de comer a cualquier hora, no todos te van a abrir su corazón y van a prender una hornalla o un fuego para que disfrutes, pero así es la familia Capalbo…

 

  • Comodidad 100% 100%
  • Limpieza 100% 100%
  • Experiencia 100% 100%
  • Calidad del producto 100% 100%

Pierino Redes

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