La Guía y estrellas Michelin

La Guía y estrellas Michelin

La guía y el sistema de estrellas Michelin fueron creadas en 1900 por los hermanos con dicho apellido y dueños de la empresa de neumáticos para facilitar el viaje de sus clientes en principio por Francia, de donde son originarios.

En la guía uno puede ver ciudades y pueblos de una, dos y tres estrellas dependiendo de sus paisajes, historias, monumentos y otros rubros que ayudan a la calificación.

Durante los primeros 20 años la guía fue gratuita hasta que uno de los hermanos descubrió que no se la valoraba y por ende comenzaron a venderla.

En 1923 se empezaron a mencionar restaurantes independiente de hoteles, de particulares y en ese entonces comenzaron a reclutar inspectores (sistema que perdura hasta hoy) para que vayan a cada uno de ellos y los cataloguen.

Hasta que en1926 instalan el sistema de estrellas comenzando con una para que cinco años después se califique de la manera actual.

¿Qué significa cada estrella?

  • Tres estrellas indican una cocina excepcional que justifica de por sí el viaje.
  • Dos estrellas señalan calidad de primera clase en su tipo de cocina.
  • Una estrella designa un restaurante muy bueno en su categoría.

Esta categorización no aplica solamente a restaurantes sino también a ciudades y pueblos, por ejemplo, cuando estuvimos en Francia viajamos guiados por esta guía y paramos en varios pueblos con tres estrellas como Conques o Sarlat-La-Caneda.

Conocimos un restaurant de una estrella en Nueva York que les recomendamos en este post.

Los inspectores van de encubierto y puede verse su modo de actuar en varias películas famosas como “Un viaje de 10 metros” o “Sin reservas” entre otras.

Tener una estrella te da notoriedad, pero también mucha presión. La misma a veces se hace insoportables para restaurants o chefs que deciden renunciar a las estrellas para volver a ser un restaurant normal.

Las rutas en la guía y estrellas Michelin

En la guía de países, también diferencia las rutas. Por ejemplo, las rutas verdes son aquellas que además de ser ruta tienen una belleza que justifica tomarla. Las rutas rojas son autopistas.

Todo esto se suma a una precisión muy calibrada de las rutas de cada país. Es hoy sin dudas algo vintage por la existencia de GPS pero que debe haber sido tremendamente útil hace unos años.

Después de nuestro viaje por Francia, recomendamos que alguna vez utilicen una de ellas para apagar el GPS, agarrar rutas verdes con la guía y paren en ciudades de tres estrellas Michelin.

 

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París desde arriba

París desde arriba

Apenas despertamos sabíamos que el día terminaba viendo la ciudad de París desde arriba. ¿Por qué? Porque habíamos programado para despedida de la ciudad subir a la Torre cuando estaba por caer el sol y ver el atardecer desde ahí.

Pero teníamos todavía el día por delante, así que apenas nos levantamos salimos para Ile Saint Louis para desayunar en bistrot le louis ix. Esta ubicado en una esquina, y no es nada del otro mundo, pero queríamos desayunar en la pequeña isla que es la que esta justo al lado de Ile de la Cité, que es a donde estaba nuestra primera atracción el día.

Al terminar de desayunar, cruzamos de islita porque íbamos a conocer la Saint Chapelle. La misma se encuentra en el perímetro de La Conciergerie o palacio de la cité, que fue residencia real y también, posteriormente, una prisión.

La Saint Chapelle es una obra arquitectónica chica, pero magnifica a la vista de cualquier persona. La entrada de luz, los vitrales, las paredes. Cuando hablo de paredes, me refiero a la parte inferior que era la destinada a la gente común. Porque la parte superior casi no cuenta con paredes, sino con columnas y vidrio y era la que pertenecía a la corte del rey. Lo que la hace espectacular. Todo es muy recomendable.

Caminamos un poco más por la zona, hasta caer en The Drink Doctor, un bolichito muy simpático donde decidimos comer. Tenía un sótano increíble con unos baños espectaculares, a los cuales no pudimos evitar sacarle fotos. Pedimos unas quiche lorraine que estaban muy ricas y seguimos con dirección a la Place de la Concorde.

¿Qué es la plaza de la concordia? Es la segunda plaza más grande de Francia y es lo que marca el limite entre el jardín de las Tullerías y los jardines de Campos Eliseos. En el medio tiene uno de los monumentos más emblemáticos de París que es el obelisco Luxor. También hay algunos edificios y fuentes.

Básicamente caminamos por el Jardín de las Tullerías, pasamos por ahí y seguimos por Av. De los Campos Eliseos y sus jardines hasta llegar a la zona de los locales donde estuvimos casi toda la tarde.

Además de algunas compras, aprovechamos el wifi que ofrece la avenida para rentar uno de esos monopatines que están en las grandes ciudades. Yo ya los había usado en Los Angeles, pero para Flor fue el debut y le encantaron.

Caminamos toda la tarde por ahí y entramos a muchísimos locales. A algunos no pudimos ya que estaban tapeados o prendidos fuego por la marcha del día anterior de los chalecos amarillos.

De ahí, nos fuimos para los Jardines de Trocadero, que son los que se encuentran detrás de la Torre Eiffel. Merendamos en un banco, comprando unas cositas en un puestito callejero que estaban muy ricas.

Con la panza llena, hicimos la fila para subir a la torre. Sin dudas, fue la revisación mas exhaustiva que nos hicieron en todo el viaje. A la altura de un aeropuerto. Tardamos una hora en llegar a la boletería (se puede subir por escalera….pero no, gracias) y sacamos los pases.

La subida es increíble. Primero un ascensor de doble piso sube en diagonal hacia el eje de la torre. Una vez llegados a ese punto, uno baja y se toma otro ascensor, ya un poco más moderno, que sube eternamente hacia casi la cima de la torre donde se consigue una vista espectacular.

Ambos ascensores son vidriados y se puede ir viendo la subida. La vista arriba es espectacular, solo faltaría poder ver la torre para sentir París al 100%, pero es imposible. Eso se puede hacer desde el mounstro de Montparnasse. De ahí uno puede ver París desde arriba, pero sin dudas esta parado en un lugar que no es acorde a la ciudad donde esta.

Vimos el atardecer ahí arriba y como las luces de la ciudad se iban encendiendo para pasar a ser lo único que se veía. El viento era de locos, sentís como se mueve la torre y el frío era tremendo. Pero valió 100% la pena poder disfrutar París desde arriba.

Al bajar, caminamos por los campos de marzo para ir a cenar con nuestros amigos franceses mientras la torre iba tirando cada determinado tiempo un show de luces que va a quedar para siempre en nuestro recuerdo.

La ultima cena fue espectacular. Quesos comprados en el mercado del domingo para después de la cena y luego una creme brulee increíble. Tomamos una vichy catalán que nosotros teníamos guardada. Si quieren saber bien que es, pueden ver el documental sobre agua de Zac Effron.

Las imágenes del día
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Domingo es día de mercado

Domingo es día de mercado

El cuarto día era domingo, y el domingo es día de mercado. Nos levantamos un poco más tarde de lo que veníamos haciendo y caminamos un par de cuadras para visitar el mercado de la zona donde estábamos hospedados. El mercado era el Marche de Grenelle y no es turístico, sino que es de productos y apuntado a los locales.

Estaba ubicado debajo de las vías de un tren y cuenta con frutas, verduras, carnes, pescados, panadería, etc. Super completo y todo muy fresco. Compramos algunas cositas para disfrutar en los últimos dos días.

Flor me bancó con mi idea de ir a conocer Café Spoun, un café de especialidad bastante alejado de donde estábamos, pero allí fuimos. El café resultó exquisito, la panadería también y existe la opción de pedir el famoso art latte tridimensional.

Caminamos hasta la Rue Montergueil, una callecita muy linda llena de bolichitos para comer y elegimos Café du centre para almorzar. Rica comida, porciones individuales.

Caminamos y paseamos por esa zona y llegando a la tarde nos tomamos el metro para ir a Montmartre. En el viaje, vivimos uno de los peores momentos del viaje…esos que te recuerdan que hay que con cuidado. Vimos dos robos estilo pick pocket y corridas por todos lados.

Visitamos el Moulin Rouge y sacamos las fotos pertinentes, merendamos en el Café de la película Amelie, que traducido al castellano es el café de los dos molinos. Ahí pedimos un café (nada del otro mundo) y una creme brulé que estaba exquisita.

De ahí hicimos la caminata en subida hasta Sacré-Coeur. Ese camino es realmente hermoso, pero la basílica Sagrado Corazón y sus vistas hacia la ciudad tampoco se quedan atrás. Simplemente espectacular. El viejo barrio de los artistas es espectacular.

Por la noche comimos en St-Germain des Pres, muy cerca de Lip, pero en el café Mabilion. Entradita, un croque Monsieur y creme brule para ver un partidazo entre el PSG y Olimpyque de Marsella.

Así, terminábamos nuestro anteúltimo día en Paris, nuestro último domingo y por ende, nuestro último domingo día de mercado.

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Un paseo por el Sena

Un paseo por el Sena

Después de haber vivido otro día intenso, nos despertamos temprano y desayunamos al paso un chocolat pistache increíble con un café para salir a vivir el tercer día que iba a tener como atracción principal un paseo por el río Sena.

A las 10 am nos encontramos justo en la fuente de la Place Saint Michel para hacer el recorrido gratuito de Sandemans, algo que hacemos habitualmente en cada ciudad que recorremos. Si no conoces Sandemans, acá te explicamos un poco.

El paseo salía de ahí y pasaba por Notre Dame, Louvre, Jardines de las Tullerias, entre otros. Por suerte con mucho detalle, una buena recorrida, gracias a que la guía resultó ser mucho mejor que la de Barcelona.

Al salir del recorrido, tomamos el metro para alejarnos un poco y dirigirnos a comer a La Felicitá, que es un patio de comidas y market re contra gourmet que esta impresionante. No vamos a ahondar en detalles porque te lo contamos casi todo en este post pero también te dejamos la web oficial por si querés chusmearla (está muy buena).

Comimos de más, estábamos llenísimos. Yo tenia ganas de dormir una siesta y aproveché nuestra visita a los jardines de Luxemburgo para tirarme en una de esas reposeras inclinadas para dormitar 15-20 minutos con un solcito hermoso pegándome en la cara mientras algunos nenes y grandes jugaban con barquitos en la fuente.

Pasamos por el panteón pero como veníamos muy desfazados con los gastos no ingresamos a visitarlo. Solo lo conocimos por fuera. De ahí fuimos a una pequeña plaza llamada Place de la Contraescarpe, que es una pequeña rotonda en un cruce de varias calles llena de cafecitos y barcitos.

Al salir de la pequeña siesta, fuimos a Places Des Vosges. Para mí, una de las plazas más linda de París. Rodeada de edificios de color ladrillo, con fuente en el medio y llena de cafecitos y locales bajo esos edificios. En uno de ellos, vivió Víctor Hugo.

Ya redondeando la tarde, tomamos el metro para ir justo a la zona de la Torre Eiffel para tomar el barco por el rio Sena. La idea, tal como nos habían recomendado, era hacer un paseo por el rio Sena y tomarlo de día casi al atardecer para que la vuelta sea de noche y así poder tener las dos vistas del rio y la ciudad.

Por eso es clave tomar el barco que sale debajo de la Torre. Para volver con el monumento como vista final. El paseo dura una aproximadamente y es espectacular. Más allá del frío, fuimos en cubierta y la vuelta con la torre iluminada es de película. Te contamos un poco más en este post.

La cena, tras el paseo por el rio Sena, iba a ser en invitación de mi suegro desde Buenos Aires. Quería que fuéramos a comer donde él había comido con su mama varias décadas antes. El lugar se llamaba y se llama Brasserie Lip. Es lo que sería en nuestro país un típico bodegon de la capital. El lugar estaba llenísimo y las mesas están re contra apretadas. El menú esta solo en francés, y al tener vocabulario tan especifico, ni Flor lo entendía. Así que le pedimos lo que pudimos y comimos. No nos mató, pero nos encantó haber cumplido con el pedido de Marcos.

Volvimos caminando para nuestra casa y a descansar para un próximo día lleno de actividades.

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Los paraguas en el aire

Los paraguas en el aire

El segundo día en París íbamos a combinar Los Inválidos, la Iglesia de la Madeleine (junto a la intervención artística The Umbrella Sky Art, la de los paraguas en el aire), la Opera Garnier y el exterior del Louvre.

Veniamos de un primer día bien intenso que detallamos en este post.

Desayunamos rápido en lo de nuestros amigos parisinos, y salimos para Los Inválidos. Cuando me recomendaron ir antes de viajar, me llamó la atención el nombre. Fue originalmente un complejo militar destinado a ser residencia de militares retirados, inválidos, que al volver de la guerra no contaban con hogar.

Hoy en día es el lugar donde descansan los restos de Napoleón (en un tremendo salón en su honor), de su hermano y también cuenta con un museo militar impresionante. Ah, en el complejo también hay una capilla muy linda.

Pagamos la entrada y lo recorrimos de punta a punta. A mi personalmente me gustó mucho y se lo recomendaría a cualquiera que viaje a París.

Desde ahí, caminamos para cruzar el Río Sena por el Puente de Alejandro, uno de los más bellos de la ciudad, con el objetivo de ir a visitar la Iglesia de la Madeleine. El templo es muy diferente a una iglesia convencional, tanto en su interior, pero por sobre todo en su exterior, el cual se asemeja a un templo griego. Vale la pena visitarlo.

Y es todavía más aprovechable si justo a una cuadra del lugar, en el pasaje Village Royal se encuentran con The Umbrella Sky Art. Básicamente es un pasaje lleno de paraguas en el aire que llenan esa callecita de colores increíbles. Para una foto, es un lugar perfecto.

Al salir de ahí, nos fuimos para la zona de la Opera Garnier, donde teníamos entradas para visitarla, pero antes tuvimos que hacer tiempo y aprovechamos para hacerlo en uno de los cafés más emblemáticos de la ciudad: Café de la Paix. Como anécdota, nos pedimos dos cafés con leche y un croque monsieur con café con leche. Lo gracioso es que el croque vino con papas fritas y no le hicimos asco a nada.

La Opera Garnier fue una sugerencia sobre el final de los preparativos, y le agradezco a Dios haberla recibido. Es un lugar increíble. El lujo, la arquitectura, la elegancia… todo se junta en la obra de Garnier.

Hoy en día la sala de espectáculos se sigue usando, decorada en rojo y dorado y con capacidad para casi 2.000 espectadores es uno de los principales atractivos de la visita junto a una tremenda escalera de mármol que da ingreso a la misma.

La visita nos llevó un bien tiempo, en parte porque hay mucho para visitar y en parte porque estaba lleno de gente que se demoraba muchísimo para sacar sus fotos. Una vez terminada, paramos a almorzar en Le Mondial Café, un restaurant discreto donde yo me pedí pasta y Flor ensalada.

A la salida, caminamos hasta la entrada del Louvre para culminar el día y nos perdimos por algunas calles de París, siempre cerca del rio Sena. Desde ahí, subte para volver a casa a comer con los anfitriones, que nos preparaban con otra cena memorable.

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Primer día en París

Primer día en París

En nuestro primer día en París, nos despertamos en el hotel y fuimos a devolver el auto en el lugar más cercano posible a nuestro nuevo hogar parisino: la casa de Sylvie y Jean-Yves. A esta altura del día ya llovía y seguiría así hasta la noche.

Dejamos el auto en un taller mecánico o algo por el estilo, y caminamos un par de cuadras hasta nuestro nuevo hogar, donde nos recibieron espectacularmente. Desayunamos con ellos y salimos directo para la zona de Ilé de la Cité.

Queríamos conocer primero Notre Dame, y poder entrar. No teníamos reserva para subir a la torre, así que solo conocimos su interior y exterior. Nos encantó. El viaje fue un par de meses antes del incendio.

Desde ahí, cruzamos para el otro lado del Sena para ir al museo de Pompideau. Flor ya conocía el Louvre y a mí los museos, por lo general, no me vuelven loco. Así que ingresamos a este para que Flor lo conozca. A mi no me voló la cabeza, ni cerca. Estuvimos como tres horas y hoy no me acuerdo de casi nada, pero eso queda a criterio de cada viajero.

De ahí salimos para Les Halles, que es un shopping subterráneo. A su vez, tiene estaciones de subte. Para mi una locura. Es realmente grande el shopping, y tiene una plaza interna al aire libre. Ahí aproveché para ir al baño y me cobraron cincuenta centavos de euro.

Compramos algunas cositas que encontramos baratas y seguimos hacia el Jardin Du Palais Royal. El jardín pertenece al Palais Royal, una obra monumental del Cardenal Richelieu que luego fue donada a la realeza y fue residencia por un tiempo.

Básicamente es un parque con unas galerías que lo rodean donde esta lleno de locales, entre ellos uno de los que nosotros estábamos buscando: Café Kitsune. ¿Por qué? Lo explicamos en este post.

Al salir del café fuimos a su tienda de ropa y nos encantó todo, pero era realmente inaccesible en precio.

Caminamos un par de cuadras más y fuimos a conocer otro cafecito: Telescope. Estaba 80% cerrado, pero le explicamos que nos estábamos probando los mejores café de especialidad de París y no solo nos abrieron y dejaron pasar sino que también nos invitaron el café que nos hicieron. Detallamos el momento en este post.

Queríamos pasar por la Opera Garnier que nos había sido recomendada para visitar y si bien es impactante de afuera, estaba cerrada justo ese día para ingresar por lo que lo dejamos pendiente para los días futuros.

Frente a la Opera hay otra atracción importante de la ciudad: Galerías Lafayette.

Desde ahí, caminamos hasta Champs Elysees para recorrerla bajo la lluvia hasta llegar al arco del triunfo entrando en varios locales y comprando para merendar al paso en un Paul sobre la avenida más conocida.

Al llegar al Arco, volvimos en subte para cerrar nuestro primer día en París a la casa de Sylvie y Jean-Yves donde nos esperaban con una rica comida de varios pasos bien parisina que incluía quesos después de la comida y creme brulé de postre. 

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