Casi un pueblo fantasma: Conques

por Oct 1, 2020Destacados, Europa, Francia, Viajes0 Comentarios

Salimos de Carcassonne para llegar a Conques, sin saber que este era casi un pueblo fantasma en esta temporada.

Agarramos la D118 que pasa por el Parque Natural Haut-Languedoc hasta llegar a Castres y ahí tomamos la 612 para llegar hasta Albi. Esta ciudad, como en su momento Lourdes, es una parada recomendable e imperdible en este trayecto. Cuenta con algunas atracciones interesantes que uno no puede dejar de visitar si pasa por la zona.

En primer lugar, la Catedral de Santa Cecilia de Albi que de afuera se diferencia claramente de una catedral convencional. En parte porque es enteramente de ladrillos rojos y en parte también por su carácter defensivo. Bordea el río Tarn y todo lo austera que parece por fuera se acaba cuando una ingresa y ve una cantidad de lujos y decoración que llaman poderosamente la atención. El edificio no es solo la iglesia de ladrillos más grandes del mundo, sino que es una de las construcciones en general.

Otra de las atracciones es el Museo Toulouse-Lautrec que cuenta con mas de mil obras del artista francés que fue uno de los pintores y cartelistas más destacados de su época, sobre todo por su pasión por retratar la noche parisina. El museo se encuentra justo al lado de la catedral y cuenta con un jardín que nosotros no pudimos disfrutar por ser invierno con una espectacular vista al río.

Llegaba la hora del almuerzo e íbamos a sufrir nuestro primer y ultimo “maltrato francés”. En un restaurant que contaba con lugares, nos rechazaron diciendo que ya cerraban. No entendimos el porqué, quizás ya era tarde. Pero no lo dijo de buen modo para mi que no entiendo francés, ni tampoco para Flor que lo habla perfectamente.

Frustrados, fuimos a una cadena que se llama La Miel Caline, que tiene también maquinas expendedoras de baguettes, y nos comimos un hermoso sandwichito en una mesita en la plaza principal, justo frente a la iglesia.

Con panza llena apuramos el paso para llegar a Conques, casi un pueblo Fantasma. Este se encuentra en una montaña y el camino para llegar es todo en subida y con muchas curvas.

Al llegar, tipo 16 hs, tuvimos que dejar el auto en el estacionamiento en la entrada del pueblo. Ahí buscamos el hotel Le Compostelle. El pueblo debe tener cinco cuadras como máximo. Pero no lo encontrábamos. Cuando se acercaban las seis de la tarde, decidimos ir a la oficina de turismo que estaba justo cerrando. Nos explicaron que eran unas habitaciones, que se entraban con códigos y que seguramente lo teníamos en nuestro email. Nos dejaron conectarnos al wifi, y pudimos ver los códigos y así ingresar a una casa que contaba con tres habitaciones hermosas. Muy recomendable lugar para pasar la noche. Cuando nos estábamos yendo, la chica de la oficina nos dijo que no demoráramos mucho acomodándonos ya que había un solo lugar para cenar y este cerraba a las 19 hs.

Dejamos rápidos las valijas, una ducha rápida y ropa limpia y salimos para a caminar las cinco cuadras del pueblo que es realmente hermoso e histórico. Tiene una iglesia donde no pudimos ingresar, y un solo local abierto que era una joyería, además del Hotel St Jaques, el principal de pueblo y también único restaurante abierto.

Al ingresar, parecía un bar viejo, con una barra y estaba vacío. Nos hicieron subir por una escalera y entramos a un saloncito como 8 mesitas donde estaban casi todas llenas.

Nos explicaron el menú, elegimos, eran varios pasos. Tomamos un vino. Comimos como los dioses realmente. Un lugar increíble.

Nos fuimos a dormir con la sensación de haber estado en un lugar único. Haberlo disfrutado como muy poca gente puede. En la intimidad de esa cena de hotel muy poca gente en el medio de Francia, en un pueblito quedado en el tiempo. En Conques, casi un pueblo fantasma.

Al día siguiente nos levantamos con una lluvia que hizo todo más espectacular. Agarramos las valijas, caminamos las cuadras que nos separaban del auto y seguimos al siguiente destino.

Las imágenes del día
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